Los círculos de duelo

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El duelo es un proceso natural de adaptación al cambio que atraviesa determinadas fases - no siempre cronológicas - hasta culminar en la aceptación y la instalación de nuevo en el vivir.


El duelo, duele. Cada ser humano es único y lo vive de una manera única. Por tanto cada proceso es diferente. No obstante hay una variable de similitudes que vinculan a aquellos que lo experimentan. Una de esas vinculaciones estrella es el sentirse comprendido por otros que viven algo similar.


Caminarlo en compañía, disponer de un espacio de escucha desde el respeto para poder expresar lo que quizá, fuera de ese entorno “protegido” no se permite, es una oportunidad para aliviar el dolor y hacerlo fértil, nutriéndose de otras vías de consciencia.


Esa es la gran finalidad de los círculos de duelo.


Son grupos organizados que emergen de una situación de crisis común y reúnen a personas que sintonizan en la resonancia de un dolor parecido y cuya corriente empática es ya en sí misma, terapéutica. En ellos se brinda apoyo en un íntimo marco preservado que facilita la descarga emocional. Promueven las relaciones sociales evitando el aislamiento en un momento tan delicado e invitan al crecimiento personal.


Los encuentros son periódicos, habitualmente semanales, lo que permite el seguimiento. Y dado que no son tertulias ni debates, sino terapias grupales, requieren de un facilitador que guíe las sesiones promoviendo comprensiones internas, manteniendo unas normas básicas fundamentales para el buen desarrollo y favoreciendo la liberación emocional.


La necesidad de expresión es el nexo del grupo. Cada persona experimenta sus propias emociones en su propia fase del momento: el miedo, la rabia, el dolor, la tristeza, la culpa, la nostalgia… El hecho de permitirse expresarlo y hacerlo en compañía es reparador. Los testimonios de otros participantes resultan muy alentadores.


Cabe resaltar que el duelo no es una enfermedad y que tampoco el objetivo de los grupos de duelo es aplicar técnicas o herramientas específicas como en terapia individual, sino regalar presencia amorosa y escucha consciente, contribuyendo a hacer el duelo más liviano y fértil mediante las perlas de comprensión que se obtienen tanto en las rondas de palabra como en las dinámicas vivenciales propuestas dirigidas a la expansión de conciencia.


Asociamos la palabra duelo a la muerte. No obstante, hay duelos adonde uno siente, - o interpreta- que hay una pérdida que requiere un “soltar”: desde una separación, a una mudanza que deja atrás la que ha sido nuestra viviendo durante tantos años, o los hijos que crecen y dejan el nido vacío…


El duelo más conocido es por el fallecimiento de un ser querido. Supone un choque brutal en nuestras vidas. Todo parece desmoronarse alrededor, se tiene la sensación de perder el rumbo y la vida puede parecer carecer de importancia para el que queda. Es todo un desafío evolutivo alcanzar la aceptación y encontrar un nuevo sentido a la vida.


Los grupos de apoyo al duelo transpersonal invitan a reflexionar desde el corazón del ser, a mirar hacia dentro, a trascender las emociones y observar los pensamientos desde el observador, a abrir una visión más amplia trascendiendo los límites de las creencias. Es así como nos damos cuenta que todo tiene un sentido más allá de lo aparente. Escuchando el tibio susurro del alma guiando hacia la pura conciencia. Haciendo que el dolor sea lúcido, conectándonos con el propósito interno y el para qué de la experiencia. Desde “ahí” se alcanza la comprensión profunda de que no hay distancia ni separación posible, porque el Amor es infinito y eterno.

 

Mayla J. Escalera
Terapeuta Transpersonal
Expansión de Conciencia.
Sendadeluz.com