El Shiatsu es una técnica manual de origen japonés que mejora nuestro estado general además de ser muy efectiva para la prevención y tratamiento de diversas dolencias. Tiene un efecto a nivel global que estimula y optimiza los recursos de curación que todos tenemos de forma natural, mejorando nuestro estado de salud. Su ejecución correcta requiere de arte y sensibilidad. Es sencilla, efectiva y carece de efectos secundarios. La importancia del tacto El tacto es el sentido que primero se desarrolla en el ser humano. Su importancia para garantizar un desarrollo adecuado de las personas tanto desde el punto de vista físico como psicoemocional está reconocida científicamente. Pero no olvidemos que uno de los aspectos de la experiencia del tacto, es el contacto. El contacto con los otros. Y el contacto es una necesidad vital básica para tener un estado saludable. El tacto, un contacto saludable, nutre nuestro cuerpo pero también nuestra alma. Este hecho nos posibilita emplear el tacto de una manera terapéutica ya que, al trabajar adecuadamente con él, podemos influir positivamente en nuestro estado de salud. El sistema mente – cuerpo: una realidad indisoluble Desde un enfoque integral de la salud, se considera que las personas tenemos una dimensión física y otra psicoemocional que son inseparables: ambas se relacionan e influyen permanentemente, constituyen un tandem que funciona unido, y del equilibrio de esa mutua relación dependerá nuestro bienestar y, por extensión, nuestra calidad de vida. El bienestar de nuestro cuerpo favorecerá nuestro equilibrio mental y emocional y viceversa, o, si psicológica o emocionalmente nos encontramos alterados, esa alteración repercutirá a nivel físico pudiendo producir una disfunción orgánica o una enfermedad. Partiendo de esta realidad, el uso terapéutico del tacto, a través del cuerpo físico, nos permite influir y equilibrar el conjunto del sistema cuerpo–mente que somos cada uno de nosotros. El poder del Shiatsu: la efectividad de un trabajo profundo Sin embargo, a pesar de la importancia y el potencial que el tacto tiene para garantizar un desarrollo saludable desde el inicio de la vida, sus posibilidades terapéuticas son aún ignoradas o poco reconocidas en algunos medios. Estamos acostumbrados a resolver muchas cuestiones de salud dependiendo de una tecnología más o menos sofisticada, bien sea mediante el consumo de medicamentos o haciendo uso de aparatos complicados. No obstante, hay otros abordajes que, no por menos tecnológicos, son menos efectivos. Más bien al contrario, a menudo la simplicidad de la técnica conlleva una eliminación inteligente de los elementos superfluos o sobrantes para conseguir quedarse con lo verdaderamente esencial. Bajo mi punto de vista, conseguir ese equilibrio y efectividad es un arte y saber aplicarlo también. El Shiatsu es un claro ejemplo de ello. Se trata de una técnica manual que, aplicando sobre el cuerpo lo que en apariencia son simples presiones con los dedos y las manos, consigue un efecto profundo que ayuda a recuperar y/o mantener el equilibrio tanto físico como psicoemocional de la persona. Parte de la efectividad de esta técnica radica en el hecho de que trabaja a nivel del sistema nervioso lo cual le permite tener un efecto terapéutico. A veces he comprobado una cierta confusión en relación al campo de aplicación del Shiatsu. Mucha gente tiene la idea de que es “sólo” una técnica para relajarse porque el importante efecto que produce sobre el sistema nervioso, hace que las personas que lo reciben experimenten estados de relajación muy profunda durante las sesiones. Bajo mi punto de vista, esto ya es de por sí terapéutico. Hay que tener en cuenta que un porcentaje altísimo de los problemas de salud tienen un origen o un componente psicosomático: es cuando el cuerpo se expresa, cuando el cuerpo manifiesta un desequilibrio que se ha iniciado en el ámbito psíquico o emocional y que, mantenido en el tiempo, se ha expresado somáticamente en forma de una dolencia. A menudo el cuerpo grita lo que el corazón o la psique callan. En estos casos, el que una persona consiga relajarse de forma profunda, va tener un efecto beneficioso muy importante en el conjunto de su salud. Pero el Shiatsu no se queda sólo ahí. No es únicamente un momento de relax. El Shiatsu induce un efecto duradero en el tiempo y posibilita un cambio en la condición física y psíquica de la persona. La importancia del sistema nervioso El sistema nervioso es como la torre de control del organismo: desde ahí se envían y reciben un montón de señales que van a controlar las distintas funciones fisiológicas del cuerpo. Muchos de los puntos que se trabajan en Shiatsu son puntos de acupuntura o puntos clave del sistema nervioso, y su estimulación genera un efecto a nivel orgánico, por ejemplo produciendo la liberación de determinadas sustancias. Por otro lado, el sistema nervioso está muy relacionado con los sistemas hormonal y de defensa, y con la parte psicoemocional de la persona, en lo que técnicamente se llama el eje psico-neuro-endocrino-inmunológico. Esta palabra tan compleja lo que nos transmite es que cuando con el Shiatsu trabajamos sobre el sistema nervioso, lo que estamos haciendo es enviar a esa torre de control un estímulo, una información, que va a tener un efecto fisiológico positivo para el organismo y por extensión para el equilibrio general de la persona. El campo de aplicación del Shiatsu Gracias a ello, uno de los efectos y mecanismos de actuación del Shiatsu es pues el de estimular y potenciar los mecanismos naturales de recuperación que todos tenemos y que nos permiten mantenernos de manera natural en un estado de salud adecuado. Así pues, el Shiatsu actúa de dos maneras: cuando hay un desequilibrio o circunstancia que provoca una alteración o enfermedad, estimula y refuerza dichos mecanismos en la persona para, de esa forma, poder recuperar el bienestar perdido. Esto sería una acción terapéutica. Pero además, cuando gozamos de buena salud, el Shiatsu mantiene esos mecanismos de recuperación optimizados y es por eso que también tiene una acción preventiva. De hecho, muchas veces las personas acuden a la consulta de Shiatsu para tratar una dolencia concreta y, al experimentar los beneficios de esta técnica, deciden incorporarla a su mantenimiento de forma regular ya que evita la aparición de diversos trastornos y enfermedades. Además de ello, algunos de los efectos más habituales del Shiatsu es que aumenta nuestro nivel de energía, mejora nuestro estado anímico y nuestro equilibrio mente–cuerpo y nos ayuda a afrontar la vida de una manera más satisfactoria. En una palabra: nos encontramos mejor. Así pues, cuando conocemos el mecanismo de actuación del Shiatsu podemos entender por qué tiene un campo de aplicación terapéutica tan variado. Con él pueden tratarse desde dolores y molestias musculares y articulares (lumbalgias, ciáticas, dolores cervicales artrosis, etc.) a trastornos hormonales, problemas digestivos, circulatorios, dermatológicos, stress, ansiedad, migrañas y dolores de cabeza, dificultades con el sueño, embarazo, etc., por citar algunos ejemplos. Además, al no ser una técnica brusca ni invasiva pueden beneficiarse de ella personas de toda condición, desde niños hasta ancianos ya que no presenta efectos secundarios. Una parte del arte del terapeuta tiene que ver con su sensibilidad y consiste en proporcionar a cada persona el tipo de tratamiento que requiere adaptado a sus necesidades. Por otro lado, creo que nuestra salud es algo que construimos día a día, con cada una de las grandes y pequeñas decisiones que tomamos. Es una cuestión importante de la que tenemos que responsabilizarnos y que, además de influirnos directamente, también afecta a nuestro entorno. Si cuidamos de nosotros, si estamos bien, ese bienestar facilita y mejora la vida de nuestras personas allegadas. La salud individual repercute en la salud del conjunto. Y es por eso que, en estos momentos de cambio, hay que ponerle Ciencia y Conciencia a la vida. Para ayudarnos a mejorarla. Ana Merino Sancho Terapeuta de Shiatsu. Lda. en Biología Especialista Universitaria en Educación para la Salud
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