Todos
hemos sido niños, y todos lo seguimos siendo en muchos aspectos, este es el
secreto de por qué unos pocos pueden enriquecerse a costa de casi todos. Somos
fáciles de engañar y no nos gusta sentirnos inseguros. Esto significa que vamos
a tender a creer lo que nuestras autoridades nos digan, y que una vez creemos
algo hacemos todo lo posible por seguir creyéndolo. No nos informan, nos deforman. La visión que tenemos del mundo dista mucho de lo que es realmente, realmente las cosas son mucho peor de lo que imaginamos. Alguien dijo que solo hay que preocuparse de encubrir las pequeñas mentiras porque las grandes se encubren solas, ¿cómo es esto posible? Gracias al espanto y la incredulidad que uno siente cuando se enfrenta al horror, y es enorme el horror en nuestros días. No nos gusta creer que vivimos en un mundo gobernado por autoridades perversas, de hecho preferimos sentirnos culpables/responsables del mal que nos rodea antes que víctimas del mismo e indefensos ante él. De hecho, no nos gusta compadecer a las víctimas, preferimos pensar (aunque no abiertamente) que han hecho algo para caer en tan desgraciada situación. Otra deformación a la que estamos sometidos a través de los medios de comunicación es la que tiene que ver con nosotros mismo. Hemos terminando creyendo que somos tontos, que no nos interesa la ciencia, que somos egoístas, que nuestro vecino es peligroso, que nuestra juventud es apática y violenta, que no nos gusta pensar, que somos vagos, etc. ¡Nos faltan valores!, dicen, ¡no nos esforzamos!, continúan, ¡lo que falta es sacrificio! Al final resulta que nos lo merecemos, somos niños eternamente castigados, pero ¿no será porque hay algún problema en la forma de proceder de los “padres”?. Todos los psicólogos sabemos que la autocompasión no lleva a nada más que a la queja y la inmovilidad. Pero a un psicólogo no le debería bastar saber lo que es más rentable psíquicamente, también tiene que conocer mínimamente el mundo. Y en el mundo hay víctimas y casi todos lo somos muy claramente en aspectos fundamentales. Si no reconocemos esto no podremos rebelarnos y reaccionar. Es muy importante que sepamos que hay mucho por hacer y que es nuestra obligación ponernos manos a la obra, pero no neguemos que somos víctimas de un sistema injusto, que no representa nuestros intereses sino los de los más poderosos y que subordina constantemente nuestra dignidad a estos. Saberse víctima de algo no tiene por qué conducir a sentirse un tonto ni un impotente, es en cambio un llamamiento a la rebelión y a la afirmación de lo que está siendo pisado. Pero este artículo no pretende concretar las causas de los males de este mundo, ya que otros lo explican mejor que yo y que se escapa a este espacio. Lo que sí pretendo es despertar la conciencia y por lo tanto la necesidad de ser verdaderamente informado. Internet para ello es clave, pero qué difícil es usarlo correctamente. Para eso, como para casi todo, se necesita ayuda. Unámonos, chivémonos nuestras mejores fuentes, discutamos sobre todo lo que es importante socialmente y dejemos de ser espectadores. Por ejemplo yo os recomiendo cualquiera de los videos que hay colgados en la red del economista catalán Arcadi Oliveres, un hombre que llama las cosas por su nombre y sintetiza maravillosamente los problemas de nuestra sociedad y lo que podemos hacer ante ellos. Es importante que no perdamos de vista que uno de nosotros nada puede, se angustiará ante el tamaño del reto, ante la gigantesca distancia que nos separa de un mundo justo. Pero juntos podemos construir cosas muy valiosas que a medio-largo plazo intervengan de forma definitiva en nuestro futuro, pero sobre todo, aprenderemos a querernos en el proceso, y eso ya cambia el mundo. Eduard Punsset en uno de sus maravillosos programas de Redes, que recomiendo mucho ver (todos los programas están en rtve.es): “El poder de las Redes Sociales”, nos dice que hay experimentos científicos que demuestran que no solo influimos a nuestros amigos, sino que de forma indirecta también influimos a los amigos de nuestros amigos, más aun (y por increíble que parezca) a los amigos de los amigos de nuestros amigos. Nuestra responsabilidad es pues enorme, tan enorme como nuestra mutua dependencia. Preocuparme por estar bien informada y no caer en el abatimiento genera un campo de fuerza enorme. ¿Qué vas a hacer ante la crisis del sistema? Y cuando respondas, multiplica por tres la importancia de tu respuesta, pues es hasta los amigos de los amigos de tus amigos que va a llegar tu influencia. Cuando uno recibe un diagnostico grave es fácil deprimirse, y nuestra sociedad está crónicamente deprimida. Porque aunque hayamos estado distraídos consumiendo en el fondo de nuestro corazón sabíamos que algo andaba radicalmente mal. El primer problema, como ya he dicho, es nuestra tendencia a negar la realidad cuando esta nos asusta. El segundo problema es sentirnos impotentes y que baje nuestra autoestima, como así ha sucedido y he descrito anteriormente. Por eso es tan importante que nos apoyemos los unos en los otros y que nos asociemos, para darnos ánimos, ideas y auxilio. Y me pregunto, ¿qué hace una psicóloga hablando de todo esto? Hablo de esto porque desde que soy una niña estoy enamorada de un concepto: la verdad. Hasta hace no tanto creía que era algo que conquistaría, ahora sé que es su búsqueda lo que da sentido a mi vida. Quiero transmitir el entusiasmo que aporta creer que se puede saber más y vivir mejor, la vitalidad que genera ser curioso y gustar de la contradicción y el debate. No necesitamos tener razón, necesitamos no parar nunca de buscarla y de escuchar a los demás para ello. Cuando uno inicia un proceso psicoterapéutico a mi modo de ver lo hace para liberarse de sus peores fantasmas. Una psicoterapia profunda te hace más libre, porque libera una enorme cantidad de energía que te proporciona la oportunidad de disfrutar más de la vida y la capacidad de pensar en cosas más interesantes que uno mismo. Pero conseguir esto no es fácil, y uno debe permitirse mirarse al ombligo el tiempo que lo necesite. Y después… el mundo te está esperando y seguro que tienes mucho que ofrecerle. Reacciona pues. ¡Vive! Susana Espeleta Ortiz de Zárate Psicóloga
Colegiada
|












