Al igual que en muchos cuentos infantiles nos hemos quedado solos con nuestros hermanos perdidos en un bosque oscuro y plagado de peligros. Podríamos desesperarnos, volvernos violentos los unos contra los otros, deprimirnos, desconectar y jugar mientras podamos… o hacer equipo. Es el momento de superar el miedo al vecino y la tentación de descargar la culpa en quien tenemos más cerca, movidos por la impotencia de no poder poner cara a los verdaderos culpables. Es el momento de salir a la calle y reunirse para hablar, para conocerse, para protestar y para ayudar. Es el momento de la desobediencia al “padre”, ese momento que te hace adulto moralmente porque comprendes que hay algo más allá de las normas, y esto es tu propia moral y tu sentido común. Es pues el momento de la autoestima, de saber que nadie es más importante que tú, que todos importamos. Es el momento de dejar de esperar y actuar unidos, de querer más a tu vecino que a cualquier líder, de creer más en ti mismo que nunca. Es importante que sepamos que la crisis que nos afecta sólo es la última de una larga serie de crisis que se han ido desencadenando en los últimos 30 años por todo el mundo como consecuencia de la implantación de la doctrina neoliberal en el sistema económico. También es crucial que sepamos que a esta crisis le van a seguir otras muchas si la forma en la que se organiza el mundo no cambia. La crisis que nos asola no es sólo económica, es una crisis del sistema, una crisis global, social, ecológica, moral… El futuro de nuestra especie está en juego, y esto no lo van a arreglar “los que mandan”, esto sólo lo podemos arreglar los ciudadanos. Como decía, nos hemos quedado solos, y es una especie de “orfandad” reconocer que ahí arriba no hay nadie que nos proteja. Debido a su ignorancia, codicia o falta de coraje, lo cierto es que nadie nos salva. Pero es importante darse cuenta de que nos hemos quedado sin “padre”, no sin “hermanos”. Hasta ahora hemos funcionado de una manera individualista, mirando cada uno por nuestro propio beneficio, haciendo méritos para conseguir todo eso que dan los “padres”: seguridad, valoración, dinero… “Papá estado”, “papá banco”, “papá empresa”… lo importante era encontrar la manera de funcionar de una manera “correcta” y que recibiera recompensa. Pero lo que ha venido es un castigo, y por algo que no hemos hecho nosotros, sino por algo que han hecho “los poderosos” y “los expertos”. Y parece que no saben arreglarlo o que no quieren saberlo, porque eso implicaría cambiar el statu quo, y la mayor parte de ellos se resisten a perder sus privilegios. Quedarse “huérfano” es una ocasión para madurar, como muchos de vosotros ya sabréis. Es el momento de las grandes preguntas que sólo puedes contestar tú. Es el momento de la responsabilidad, y en este caso también es el momento de la colaboración. Muchas personas veían venir esta crisis, trataron de alertarnos y tienen muy buenas ideas sobre lo que necesita este mundo. Es el momento de leer y discutir estas ideas, el momento de difundir su mensaje y de comprometernos con él. Susan George es una de estas personas, en su libro: “Sus crisis, nuestras soluciones” hace un diagnóstico impecable sobre los males que nos atenazan, y marca el camino por el que podríamos salir de este atolladero. Susan considera muy acertadamente que somos prisioneros. Nuestros carceleros nos dejan tomar algunas decisiones, pero las que verdaderamente afectan a nuestras vidas nos vienen impuestas. ¿Acaso el FMI o el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio (OMC) son organismos que hemos elegido democráticamente? Y sin embargo ellos y otros como ellos están tomando decisiones que van a afectar nuestras vidas, las de nuestros hijos y hasta las de nuestros nietos. Susan nos dice que aunque a muchas personas bienintencionadas les cueste creerlo la clase poderosa está conformada por individuos que saben muy bien lo que quieren y que se unen muy eficazmente para mirar por sus intereses. No puedo estar más de acuerdo con ella en que nuestras prioridades están invertidas y que debemos empezar por reordenarlas. Nuestra mayor prioridad nada tiene que ver con el mundo de las finanzas del que no paran de hablarnos y que tanto nos preocupa actualmente a todos, nuestra prioridad es el estado de la Tierra, y que esta siga siendo habitable por nosotros. Al fin y al cabo no somos una especie particularmente fuerte y nuestra supervivencia es más precaria de lo que nos gusta reconocer. Nuestra segunda prioridad debería ser la sociedad humana, hacerla más justa y democrática. Eso incluye luchar por nuestros derechos, por los servicios públicos, por unos medios de comunicación imparciales y por ampliar la participación ciudadana con reformas electorales y referéndums que nos den la ocasión de decidir nuestro futuro. En tercer lugar podemos hablar de economía como un aspecto más de la vida social, que no el más importante. Podemos hablar de cómo regular la producción y el comercio, y de cómo distribuir la riqueza. Por último está el asunto de las finanzas, sólo una entre las muchas herramientas al servicio de la economía. Os recomiendo la lectura de este libro como una manera de salir de la impotencia y enfrentarse a la incertidumbre y el miedo, porque saber más siempre significa ser más fuerte. A nivel individual la psicoterapia te hace saber más de ti mismo y te fortalece enormemente. A nivel social el intercambio cultural es nuestro gran aliado. Es el momento de invertir en lo que realmente importa, que es nuestra formación moral e intelectual. Desarrollar el pensamiento crítico y superar la sumisión y la dependencia de la autoridad pasa por hacer una revisión a fondo de nuestros fantasmas personales. Ahora más que nunca considero que un buen análisis psicológico es un tesoro, ya no sólo para la propia persona que se hace más libre, sino para la sociedad, que más que nunca necesita individuos independientes y capaces de colaborar, creativos y valientes.
Susana Espeleta Psicóloga Colegiada Psicoterapeuta Individual y de Grupo
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