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Apostar por el Cambio

publicado a la‎(s)‎ 01/12/2011 02:43 por Victoria Rodriguez

Como venimos comentando en otros artículos nos encontramos inmersos en una crisis sistémica que va mucho más allá de los problemas económicos, aunque haya sido a partir de estos que muchos hemos despertado y tomado conciencia de hasta qué punto es destructivo el rumbo que ha tomado la humanidad. Necesitamos urgentemente no sólo reclamar que se constituyan democráticamente autoridades que regulen una economía que no está al servicio de sus ciudadanos, sino sentirnos ciudadanos del mundo y defender nuestros derechos sabiendo que formamos parte de una comunidad planetaria.

Edgar Morin en su fabuloso libro “La Vía para el futuro de la humanidad” analiza esta crisis mundial e identifica un aspecto central del problema: hemos vivido inmersos en lo que ha resultado ser un mito occidental, el mito del crecimiento perpetuo, del infinito desarrollo tecnoeconómico. Suponíamos que este nos conduciría al bienestar, la buena convivencia y la libertad democrática, pero ha resultado ser amigo de la explotación laboral, la represión y la dictadura. Con lo que nos encontramos que el desarrollo económico nos ha llevado a un subdesarrollo intelectual, moral y hasta físico. Intelectual porque casi todos estamos desorientados y no somos conscientes de nuestro entorno sociopolítico, de la magnitud del problema y de la responsabilidad que nos toca. Moral porque se ha perdido la solidaridad. Físico porque enfermamos más que nunca, el estrés que conlleva nuestro estilo de vida hace que desde hace años haya más trastornos de ansiedad y depresiones que nunca. En palabras de E. Morin: “La gigantesca crisis planetaria es la crisis de la humanidad que no logra acceder a la humanidad”, y es que, como él mismo añade, el capitalismo se ha puesto por encima de ella.

En un momento crucial como este cada uno de nosotros debemos elegir por qué apostamos. Y yo creo que podemos apostar por tres cosas: la esperanza, el conocimiento y la acción. Sin la esperanza no hay motor para el cambio, quizá ahora mismo estemos siendo la peor versión de nosotros mismos, quizá lo más hermoso sólo pueda suceder dentro de unos siglos si peleamos duro por ello. Estoy convencida de que podemos ser mucho mejores, porque los humanos, a pesar de nuestra capacidad para la destrucción, somos animales creativos y apasionados. Citando nuevamente a Morin: “… hay una primavera que desea nacer. Pero también percibo que se anuncia una nueva edad de hielo que quiere aniquilarla antes de que nazca”. Y en el peor de los casos, si nuestra civilización sucumbe, ¿quién nos dice que no les servirá a los que tengan que volver a empezar a partir de nuestras cenizas el conocimiento que acumulemos?, porque “Nadie sabe nunca cuándo ni si es demasiado tarde”.

Sin conocimiento no hay acción eficaz, debemos ser conscientes de nuestra ignorancia y no ser indiferentes a ella. Nuestra obligación es más que nunca pensar, discutir, leer y mantenernos bien informados. La ignorancia permite el abuso y por lo tanto colabora con el desastre. Siempre es difícil pensar en el presente, la mayor parte de las cosas adquieren para nosotros un significado cuando ya han pasado. Los cambios se suceden a una velocidad vertiginosa y la complejidad de nuestro mundo globalizado nos tienta a no intentar entenderlo. Además estamos tan especializados cada uno de nosotros en nuestra pequeña área que esto nos ciega para ver el conjunto, nos cuesta tener una visión de los problemas fundamentales. “Zapatero a tus zapatos”, ¡aunque se te venga el mundo encima! Realmente se necesita hacer un esfuerzo para involucrarse. Nos han educado para ir a lo nuestro y no sentirnos responsables si no es por algo inmediato y palpable. ¡Rompamos con esta inercia que nos hace sentir tan desgraciados!

La acción eficaz es la que nos lleve a la metamorfosis, y tan importante es que reclamemos cambios en el mundo como que seamos nosotros los primeros en cambiar. Para Morin la metamorfosis es una opción más profunda y renovadora que la revolución. Conserva de esta su radical apuesta por el cambio, pero añade algo fundamental, que es la conservación de la vida, del pensamiento acumulado a lo largo de los siglos, de la cultura particular de cada cual. La metamorfosis no es violenta y nos conduciría a un mundo que ahora podemos intuir pero que básicamente nos resulta inimaginable. El ser humano lo ha conseguido antes, otras civilizaciones han sucumbido dando paso a algo que no se podía concebir previamente. Y esto siempre ha sido el resultado del inconformismo de unos pocos, que no han solido ser tenidos en cuenta en su tiempo, pero que han plantado la semilla para el cambio. Como dijo Margaret Mead: “No dudemos jamás de que un pequeño grupo de individuos conscientes y comprometidos pueden cambiar el mundo. Es así como ha sucedido siempre”. ¡Así que prohibido resignarse!

Estamos en un momento de efervescencia creativa. Por todo el mundo se están multiplicando los movimientos cívicos que reclaman un nuevo sistema. Cada vez somos más los “altermundistas”, sólo tenemos que tejer una malla que nos una para tener más fuerza. Y a la vez sólo podremos constituirnos como una comunidad fuerte si nos desarrollamos a nivel personal más que nunca. Es hora de dejar de prestar toda nuestra atención a los bienes materiales, la eficacia, la rentabilidad y todo lo calculable de este mundo, y que lo cambiemos por nuestros más profundos valores humanos. Es hora de atender nuestras necesidades interiores, de respetar nuestros ritmos y desacelerar el ritmo vital, de festejar lo hermoso de la vida y descubrir los placeres que no se compran. Es también la hora de volver a la comunidad, de desarrollar la habilidad de entender al otro (familiar y extraño), y de dejarnos inspirar por nuestra vasta cultura humana.

 

Susana Espeleta

 Psicóloga Colegiada

Psicoterapeuta Individual y de Grupo









 




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