Metamórfico significa cambiar de forma. Un masaje
puede cambiar la estructura corporal,
recuperar el estado original. Pero ¿y una caricia? ¿Qué efecto puede tener una
suave caricia en el borde del pié? La vida está en continuo movimiento, los
seres humanos, estamos en continuo cambio por más que tratemos de buscar una
supuesta estabilidad. Nuestro planeta se mueve, cambia, y nosotros con él.
El Masaje Metamórfico implica cambiar de forma,
pero ¿cómo? ¿Hasta qué punto? ¿De la manera en que lo hacía el protagonista de
la novela de Kafka? Eso se trataba de un cambio físico, y muy intenso por
cierto, pero en nuestra realidad, los cambios más importantes son los que
podemos realizar dentro de nosotros.
La palabra Metamórfico implica un cambio y también
ir más allá de la forma.
Meta- es un prefijo que procede de la palabra
griega μετά, que significa "después de", "más allá",
"con", "adyacente", "auto"
Morphè, en griego, μορφή, significa “forma”.
Y lo que está más allá de la forma en nuestro mundo
eminentemente físico y empírico, es lo sutil, lo invisible, los sentimientos,
la memoria, las emociones, los pensamientos. Es de esta parte de nosotros que
no se puede tocar ni medir pero que es determinante en nuestra vida, de lo que
se ocupa la Técnica Metamórfica. A través de ella, descubrimos que detrás de
todas las formas de enfermedad, se encuentra un bloqueo de energía y que cuando ésta es liberada, la enfermedad
remite.
Además de su sutilidad, la Técnica Metamórfica
tiene otra peculiaridad. El tratamiento se centra en el periodo que va desde la
concepción al nacimiento por su gran importancia en el desarrollo de la persona
que va a nacer. En él suceden múltiples transformaciones, experiencias y
sensaciones que se manifestarán a lo largo de toda la vida.
Fue Robert Sant John, naturópata y reflexólogo
quien en la década de 1960 desarrollaría esta nueva forma de tratamiento. Como
en otras ocasiones de la historia científica, el descubrimiento de Sant John se
produjo por “serendipia”, es decir, de una manera imprevista y sin causa concreta
aparente. Sin embargo, nada es casual en este mundo nuestro, aunque así lo
quieran creer algunas personas. La Vida que fluye por nuestras venas y la que
late a nuestro alrededor en cada ser vivo existente, procede de una misma
energía, que circula entre nosotros y dentro de nosotros y que nos une como una
malla invisible en la que la información fluye y está a nuestra disposición.
Esta conexión es lo que Rupert Sheldrake describió en su teoría de los campos
mórficos o morfogenéticos. Estos campos contienen la información que hace que
una bandada de pájaros se mueva al unísono creando una ordenada coreografía en
el cielo, por ejemplo. Esto crea una armonía, un estado de las cosas en el que
todos estamos involucrados provocando esos acontecimientos “inesperados” que
nos permiten aprender y avanzar. De ahí también el concepto holístico de las
terapias naturales, que tratan al hombre como un “todo”, un microcosmos de
funciones interrelacionadas entre sí. De esta manera, diríamos que la
estructura mental de la persona se manifiesta en sus músculos, la fuerza vital,
se halla relacionada con el estado de los huesos y los fluidos corporales nos
hablan de cómo dirigimos nuestras emociones.
Un
hallazgo fortuito y afortunado
Robert Sant John se encontró así, de forma
“serendípica”, con la Técnica Metamórfica mientras trataba con reflexología
podal a una niña de 18 meses con un profundo Síndrome de Down, sin obtener
resultados. Un impulso le hizo acariciar los pies de la pequeña y eso empezó a
producir mejoras en sus síntomas. Observó que la zona que estaba acariciando se
correspondía con la espina dorsal y descubrió que en algunas zonas,
generalmente a lo largo del borde de la cara interna de los pies, los efectos producidos por la terapia no sólo
eran de carácter físico sino que también eran de tipo emocional y psicológico.
Comprobó que todos los acontecimientos producidos a lo largo de la gestación,
quedaban registrados en la columna y que trabajando las zonas reflejas, se
producía un desbloqueo que beneficiaba a los pacientes. Sant John superpuso entonces un mapa psicológico y un mapa de
puntos reflejos físicos, y concluyó que, entre el principio del padre, en el
dedo pulgar del pie, y el principio de la madre, en el talón, existía un
reflejo de otro mapa, un mapa temporal de los nueve meses de embarazo. Dividió
este periodo en cinco etapas: Concepción, Post-concepción, Animación,
Pre-nacimiento y Nacimiento, estableciendo los puntos reflejos de la columna
vertebral como soporte de una estructura de tiempo.
Siguiendo este mapa, el tratamiento se aplica no
sólo en los pies sino también en la cabeza y en las manos, áreas relacionadas
con la comunicación externa y con las tres acciones primarias: pensar, hacer y
moverse en el plano físico después del nacimiento. Según mi experiencia, otra
zona de aplicación importante son las orejas. Cuando comencé a practicar la
Técnica Metamórfica, mis manos se iban solas
y de forma sistemática hacia las orejas. Era algo intuitivo, no voluntario.
Después de una importante lucha interna, atendí a este impulso y decidí incluir
las orejas en mis tratamientos. Descubrí que efectivamente funcionaba y que,
más allá de la intuición, tenía un
sentido práctico. La oreja, es lo que más fielmente refleja al feto en el cuerpo del adulto, tal y como se
observa en algunas cartografías de Auriculoterapia, y la Técnica Metamórfica se ocupa
precisamente de la etapa prenatal por lo que se puede establecer una clara
vinculación.
FUERZA
VITAL
El Masaje Metamórfico trabaja en un plano más allá
de los síntomas de la enfermedad. Profundiza en un plano temporal, o
cristalización en el tiempo, en que se produjo el bloqueo, liberando y
deshaciendo sus secuelas, instaladas en nosotros en forma de patrones mentales
dañinos. Para ello se sirve de la Fuerza
Vital, el elemento básico de la Técnica Metamórfica. Es lo que en Medicina
China se llama Qi, una energía que desde antes de la creación conserva su
esencia, mantiene el equilibrio de los planetas en el universo, así como de los
vegetales y de todo cuanto tenga vida. La energía o fuerza vital es
indispensable para vivir, para estar saludable y alegre. Con el masaje
metamórfico, podemos incrementarla, equilibrarla y recuperarla. Se reestablece
así el orden natural, la persona toma contacto de nuevo con su poder de
auto-curación con la ayuda de suaves
caricias, como el roce de una mariposa,
en las zonas indicadas de los pies la cabeza, las manos y las orejas.
La curación puede no ser inmediata, sino que
comenzarán a aparecer los cambios lentamente y la persona se sorprenderá a sí
misma reaccionando y comportándose de manera diferente.
El Masaje Metamórfico libera al individuo de todo
aquello que le impide vivir con plenitud, transformándole en un nuevo ser más
libre, sano y feliz. Ayuda a estar más
en armonía con uno mismo y por tanto con el entorno. Es nuestro compromiso con
la vida, hacer de la felicidad algo natural y cotidiano, desde una actitud
consciente.
“El bien de la humanidad debe consistir en que cada
uno goce al máximo de la felicidad que pueda, sin disminuir la felicidad de los
demás.” Aldous Huxley
Isabel
Pérez Broncano.
Reflexóloga
– Autora del libro Reflexología Integral.
Directora
de Ranvvai Escuela de Reflexologías
y
Centro de Terapias Naturales.
www.ranvvai.com