Las personas que practican Biodanza se sorprenden de comprobar
los resultados tan transformadores que obtienen, del crecimiento que
experimentan en facetas muy variadas de su vida. Y más aún, de haberlo
conseguido casi sin darse cuenta mientras disfrutaban. Detrás de la alegría y
la diversión de las sesiones de Biodanza se esconde un sistema, creado por el
psicólogo Rolando Toro Araneda, muy contrastado y estudiado para desarrollar
los potenciales humanos.
Un
sistema muy completo
El abanico de beneficios que aporta la Biodanza es
sorprendentemente amplio.
- En la relación conmigo mismo/a: desarrolla capacidades
como regulación de emociones, autoestima, creatividad, proactividad y toma de
iniciativas, autoconfianza, optimismo, alegría, automotivación, concentración y
capacidad de fluir (flow)…
- En la relación con las demás personas: desarrolla
capacidades como comunicación, asertividad, empatía, confianza, respeto,
aceptación, feed-back, afrontamiento de conflictos…
- En la relación con el todo: fortalece el vínculo con
la naturaleza, la percepción de formar parte de una unidad mayor (totalidad cósmica),
la ampliación de la conciencia y la dotación de un sentido diferente a la
existencia propia y del universo.
- En lo orgánico: equilibra el sistema nervioso autónomo
(integrando la estimulación del sistema simpático-adrenérgico y parasimpático-colinérgico),
favorece la capacidad de relajación, reduce el estrés, fortalece el sistema
inmunológico, eleva el humor endógeno (estado de ánimo), activa procesos de
reparación celular y regulación global de las funciones biológicas.
Esta pluralidad de efectos es al mismo tiempo un fin y un medio
para incrementar la efectividad del sistema puesto que se refuerzan unos a otros.
Por ejemplo, si soy capaz de establecer relaciones más afectuosas con las demás
personas, muy probablemente se fortalezca también mi autoestima, me sentiré más
valiente, se reducirá la ansiedad con la que me relaciono con la existencia y
me sentiré más parte de un todo.
Un
sistema VIVENCIAL
Sabemos que las personas aprendemos mucho más de una
experiencia que de ver o escuchar algo.
¿Has intentado aprender a nadar por internet? ¿Has intentado
aprender a ser más feliz con un manual?
En Biodanza, se aprende desde la vivencia y no tanto desde una
aproximación cognitiva, desde lo que vivimos en el aquí y ahora y no
tanto desde contar lo que hemos vivido a un terapeuta o grupo.
Lo aprendido de forma vivencial se integra mucho mejor y es más
duradero, pasa a formar parte de la persona porque es un proceso más natural y
más completo.
Las vivencias en Biodanza no son cualquier tipo de
experiencias, es "una experiencia vivida con gran intensidad por un
individuo en un lapso de tiempo aquí - ahora, abarcando las funciones
emocionales, cenestésicas y orgánicas" (Rolando Toro).
Es decir, la vivencia, nos está involucrando todo el organismo,
nuestra forma de pensar, de sentir, de actuar y de relacionarnos con nuestro
entorno. Consecuentemente, nos ayuda a transferir lo aprendido a otros
contextos, a llevarlo a nuestra vida diaria.
La inducción frecuente de determinados tipos de vivencias
reorganizan las respuestas frente a la vida.
La acción reguladora de los ejercicios de biodanza no se ejerce
sobre el córtex cerebral voluntario, sino sobre la región límbico-hipotalámica.
Son subjetivas, espontáneas, anteriores a la conciencia, comprometen a la
identidad como un todo, dan lugar a las sensaciones y se combinan generando
emociones.
La Biodanza actúa a través de inducir vivencias integradoras de
alegría, paz, ternura, erotismo, transcendencia, ímpetu vital, entusiasmo...
Actúa desde lo positivo
Potenciar lo positivo del ser humano, es uno de los leitmotive
de la Biodanza y quizá uno de los principales responsables del auge que está
teniendo en España en los últimos años.
Se centra en “cómo potenciar aquello que está bien” y no tanto
en “cómo remediar aquello que está mal”. Obviamente ambos procesos son
complementarios y prácticamente indisolubles pero aportan características
diferenciadoras.
La Biodanza se dirige al fortalecimiento de los recursos y
capacidades genuinas de cada persona, y las que comparte con el resto de la
humanidad. No va tanto a los problemas sino a las potencialidades, sabiendo
que, muy frecuentemente como resultado de ello, además, se remedia el mal
aunque no sea esa la meta principal; “cuando es posible hacer crecer la «parte
luminosa» de un enfermo, la «parte oscura», representada por los síntomas,
tiende a reducirse” (Rolando Toro, 2000)
En Biodanza no se pretende combatir la tristeza sino aumentar
la alegría, no se aborda el miedo sino nuestro valor y no se provoca la ira
sino la confianza y la dignidad que faciliten un comportamiento asertivo.
Esto no significa que se “eviten” o se “nieguen” las emociones
desagradables, se persigue la aceptación e integración de todas las
emociones y su adecuada canalización; “Las emociones pueden expresarse a
través de caminos saludables o patológicos. Expresar las emociones no es
liberarse de ellas, sino manifestarlas en forma adecuada.” (R. Toro).
Este enfoque es muy motivador, facilita la apertura al cambio
evitando “defensas” y agiliza el fortalecimiento de la persona.
Muchos recursos integrados
La Biodanza aúna los consabidos beneficios de muchos elementos,
pero la clave diferenciadora es que se utilizan altamente integrados entre sí: “Relacionados
en un conjunto coherente, mediante un modelo teórico científico, constituyen un
haz de ecofactores de extraordinarios efectos, capaces de influir incluso en
las líneas de programación genética” (R. Toro).
Los “7 poderes de la Biodanza” son (adaptado de R. Toro):
- La música: una cuidada selección que obedece a
criterios semánticos, es decir a sus significaciones temáticas, emocionales y
vivenciales, en plena coherencia con los objetivos planteados.
- La danza integradora: un repertorio muy estudiado para
activar los movimientos humanos de forma armónica e integradora; ejercicios de
integración sensorio-motora, afectivo-motora, de sensibilidad cenestésica y
danzas sencillas que estimulan las vivencias de vitalidad, sexualidad,
creatividad, afectividad y trascendencia.
- La metodología vivencial explicada anteriormente.
- La caricia: la conexión con las personas es esencial
para el crecimiento, pero la conexión verbal es insuficiente. Es necesario el
contacto, la danza en pareja o colectiva y el compromiso corporal dentro de un
contexto sensible, sutil y en feed-back. La caricia, no es sólo contacto sino
conexión.
- El trance: un estado alterado de conciencia que
implica la disminución del ego y regresión a lo primordial, a lo originario, en
cierto modo a etapas perinatales. Tiene efectos como la renovación biológica,
porque durante este estado se reeditan las condiciones biológicas del comienzo
del desarrollo humano (metabolismo más intenso y despertar de la percepción
cenestésica) y las primeras necesidades de protección, nutrición y contacto.
- La expansión de conciencia: un estado de percepción
ampliada que se caracteriza por restablecer el vínculo primordial con el
universo. Su efecto subjetivo es un sentimiento intenso de unidad ontocosmológica
y alegría trascendente con el que se descubre un nuevo sentido de la vida y que
tiene un efecto perdurable respecto al sentido de la existencia y al modo de ser
en el mundo.
- El grupo que integra a nivel afectivo y constituye un
campo de interacciones muy intenso. Las situaciones de encuentro tienen el
poder de cambiar profundamente actitudes y formas de relación humanas.
¿Te animas a comprobar la eficacia de la Biodanza en ti?
Lo notarás tú y te lo notarán los demás.
David Díez -
Fundación Neuronilla
Entidad con más de 13 años de experiencia en formación y
consultoría en Creatividad, Innovación y Gestión de la Felicidad.
Facilitadores Didactas de Biodanza Sistema Rolando Toro.
Fundación
Neuronilla
www.neuronilla.com
www.biodanzaya.com
www.biodanza.org