¿Todo es relativo?

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Los que niegan la realidad no deseable del relativismo, son como el borracho que busca las llaves debajo de una farola, porque allí hay luz, aunque las haya perdido en un sitio obscuro.

Cuenta Rafael Conte, que el gran historiador italiano César Cantú se hallaba en su casa terminando el último volumen de su Historia Universal, cuando recibió la visita de un amigo que le interrumpió en su trabajo. Se hallaban charlando en su despacho, cuando oyeron una algarabía callejera y se asomaron al balcón, desde donde divisaron una disputa popular.

Cantú señaló el mal comportamiento de una de las mujeres enzarzadas en la pelea, mientras que su amigo señalaba a otra como la mayor culpable. Tras una discusión bastante exacerbada entre ambos, el gran historiador se dirigió a su mesa de trabajo, cogió el manuscrito que estaba escribiendo y lo arrojó a la chimenea encendida, con lo que la magna obra de toda su vida quedó incompleta para siempre. Dijo: "¿Cómo escribir la historia si ni siquiera es posible ponerse de acuerdo en lo que estamos viendo?".

En un tren viajaba un español, un francés, una rubia de buen ver y una monja. Los dos hombres estaban en un lado y las dos mujeres en el otro. En esto que pasa el tren por un túnel, y fallan las luces de emergencia y se queda el departamento a obscuras. Y de repente suena una torta, y se produce un total silencio.

La monja, que no sabía nada de lo que había pasado, pensó: "Alguno de estos dos, le ha metido mano a la rubia y ésta le ha dado un bofetón". La rubia, que sabía que a ella no le habían hecho nada, pensó una hipótesis algo mas compleja: "Alguno de estos, me ha querido meter mano, pero se ha equivocado y se lo hecho a la monja, y ésta le ha dado una torta". El francés, que sabía que él no había hecho nada y que él había recibido la torta, pensó: "Este español ha metido mano a la rubia, y ésta se ha equivocado, y me ha dado la torta a mí". Y el español, que era el único que sabía lo que había pasado, pensó: "Como venga otro túnel, le arreo otra galleta a este francés".

Como se ve hay una situación y cuatro análisis distintos de la realidad. Y eso que los cuatro han pensado lógicamente y con toda ecuanimidad. Porque si hubiéramos puesto en el vagón del chiste, a una representación de las personas que habitualmente existen en la sociedad, las hipótesis hubieran sido miles y distintas.

Así si hubiera estado en el vagón el "Gran Rafapal", hubiera pensado, que los Illuminati, habían introducido un agente, (que era la monja), y que le dio una torta de advertencia al francés, para que no se fuera de la lengua, pues era un infiltrado que sabía demasiado.

Si hubiese estado en el vagón Pedro J. Ramírez, habría pensado que Felipe González, había pasado por el pasillo y al ver la situación había pegado al francés para crear un conflicto internacional y perjudicar al PP y a España. Y así miles.

En resumen, la variabilidad de nuestras percepciones de la realidad depende de dos factores. El primero del grado de conocimiento que tengamos de esa realidad. No es lo mismo juzgar de oído, que si conoces de primera mano todas las circunstancias del caso.

Y el segundo factor, es el del grado de equilibrio mental y la capacidad de discernimiento de cada persona. Porque aquí, todos somos muy listos y nadie está loco. Los tontos y los locos son los demás. ¡Qué se puede esperar de un mundo donde mucha gente cuando le llaman hijo de puta, se enfadan porque dicen que están insultando a su madre!.

Respecto a la capacidad de discernimiento, decía el protestante español Juan de Valdés: "Si yo hubiere de escoger, más querría con mediano ingenio buen juicio, que con razonable juicio buen ingenio..., porque hombres de grandes ingenios son los que se pierden en falsas opiniones... No hay tal joya en el hombre como el buen juicio".

Pero entre que cada uno tiene la dotación con que le ha dotado la madre naturaleza, y que no se puede saber de todo, y unos saben de unos temas mas que otros, las opiniones sobre cualquier asunto son múltiples y variadas inevitablemente.

¿Y cómo podemos saber si una opinión es mejor que otra?. No hay manera a ciencia cierta de saberlo. Podemos valorar el grado de adecuación a la realidad de cada opinión, pero esta valoración también será discutible, excepto en casos claramente esperpénticos, que los hay y muchos.

Por otra parte una teoría en principio será mejor que otra cuando en ella caben mas hechos de la realidad, pero es que no podemos ponernos de acuerdo ni en la determinación de qué fenómenos son reales y cuales no.

¿Entonces el relativismo es malo?. Claro que sí, pero es lo que hay. Como decía Clint Eastwood, "el que quiera tener una garantía en esta vida, que se compre una tostadora".

Porque las ofertas de referencias y arbitrajes infalibles, como hacen los católicos fundamentalistas respecto al magisterio del Papa de Roma, estarían muy bien..., si fuesen verdad. Pero el historial del Vaticano de errores y equivocaciones es apabullante a lo largo de muchos siglos. A lo largo de la historia, han condenado moralmente cosas como las transfusiones de sangre, las vacunas y muchos temas más, en los que luego han tenido que rectificar.

Además el relativismo es el fundamento teórico de la democracia: Ante la imposibilidad de determinar con exactitud, las mejores opiniones sobre cualquier cosa, se determina que es mejor que gobierne la mayoría, a que lo haga una minoría, aunque ello no garantice siempre la mejor decisión.

Por otra parte esa concienciación de que no sabemos nunca si nuestra opinión es la preferible de verdad, hace que se respete más al contrario, pues podría llevar razón en sus opiniones, y por ello se descarta absolutamente el odio y el desprecio al de opiniones contrarias.

Pues lo que define una opinión o conducta, de demócrata o de fascista, no es la opinión que se tenga en sí, sino el odio y el desprecio hacia las opiniones de los demás. Y todavía hay gente que se extraña de que se les denomine, "fachas", "caverna" o "ultraderecha o "ultraizquierda", y luego están pidiendo que se meta en la cárcel a los dirigentes del partido contrario, independientemente de que sus decisiones hayan sido acertadas o no, y nos gusten más o no.

Joan Garriga nos enseña que "la ciega vehemencia, los fundamentalismos, las ideologías, se sostienen en arcaicas e infantiles cuerdas emocionales que nos mantienen pequeños. Son asuntos de niños grandes que trazan fronteras en su corazón entre lo que es digno de ser amado (lo propio) y lo que tiene que ser rechazado (lo ajeno)".

Isidoro García

Director Revista Quitapesares

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